Egipto y Túnez, la revuelta permanente

José Gallego, Izquierda Anticapitalista – Cádiz

Fuera Mursi

Tanto en Túnez como en Egipto las fuerzas sindicales, sociales y políticas de izquierdas andan a palos con los islamistas. Los medios “progres” españoles se sorprenden: los que antes iban de la mano para derrocar a sus dictadores, dos años después son enemigos. Y lo que no alcanzan a entender es que no son enemigos “dos años después”: han sido enemigos siempre. El discurso de la transversalidad y de la unidad sin condiciones ni programa, puesto de moda por liberales, apolíticos y una parte del 15M, hace aguas en Egipto y Túnez.

Recuerdo como en Cádiz y en Salamanca, en las asambleas del 15M a las que asistí, un sector bien organizado se negaba a hablar (y a dejar a hablar), de programa, estrategia y objetivos. La idea de este sector era confusa: estamos todos unidos por un mismo objetivo. Pero se negaban a debatir cuál era o tenía que ser ese objetivo más allá del “no hay pan para tanto chorizo”. Así, en río revuelto, se apuntaba a pescar todo el mundo, desde los colores más variopintos. No obstante, desde el primer 15M hasta las dos últimas huelgas y el 25S, el trabajo militante en asambleas de barrio y comisiones ha contribuido a definir objetivos, tácticas y estrategias.

En Egipto y Túnez (y en todos los países por los que pasó, o pasa aun, la primavera árabe), esa unidad sin condiciones se daba bajo una única consigna visibilizada: Irhal (en árabe), Dégáge! (en francés), ¡vete! Era un grito contra la dictadura sin más. Pronto, como en río revuelta pesca cualquiera y tanto la dictadura como la acción fundamentalista se ha encargado durante años de desactivar a la izquierda combativa árabe, esta consigna unitaria se impuso y ahí teníamos sin más a Hermanos Musulmanes (Ennhada en Túnez), sindicalistas, laicos, mujeres, estudiantes y socialistas revolucionarios todos a una. Estos últimos, los Socialistas Revolucionarios (y los revolucionarios tunecinos), se empecinaron en mantener un curso de independencia de clase: sí, aprovechar las acciones masivas para tumbar al dictador, pero sin olvidar que las revueltas árabes comenzaron contra una injusticia estructural construida sobre la aplicación de los planes de ajuste impuestos por el FMI y el BM al mundo árabe (y a Túnez y Egipto en particular, alumnos aventajados del FMI en la región).

Así que dos años después volvemos a tener manifestaciones masivas en Egipto y Túnez. Y no solo contra la usurpación de la democracia acometida por los Hermanos Musulmanes y Ennahda. Había quien, después de las elecciones, daba por enterrada la revolución en Egipto (y también en Túnez, de quien ya ni siquiera hablaban los medios). Se quería apostar por el modelo de la transición española para frenar el avance de la primavera árabe pero no ha sido posible, al menos en Egipto. Está por ver qué pasa en Túnez (donde ya ayer en Siliana, a 120 kms. De Túnez capital, se enfrentaron a palos sindicalistas de izquierdas y militantes del confesional Ennahda). Aunque ahora los medios centran la atención en que las manifestaciones son en contra del decreto que Mursi (el actual presidente de Egipto) ha sacado para blindar su poder frente a la Justicia, la realidad es más compleja. La Constitución elaborada por le Gobierno de los Hermanos Musulmanes (vencedores en las elecciones), está plagada de artículos que la convierten en una Constitución confesional que ataca libertades y derechos civiles (sobre todo a mujeres y coptos, los cristianos árabes de Egipto). Esta ha sido la chispa en Egipto. En Túnez, el martes pasado, militantes de Ennahda (bajo las siglas de Liga de Protección de la Revolución), apalearon a sindicalistas de la UGTT que celebraban el 60 aniversario del asesinato de su fundador, Farhat Hached. ¿A qué se debió esta agresión? “¿Por qué lo hicieron? Probablemente para castigar a la UGTT que en Siliana impulsó cuatro días de huelgas y protestas contra un gobierno que no cumplía sus promesas sociales. Hubo unos 250 heridos entre los manifestantes y 72 entre los policías”. (El País, 7 de diciembre de 2012).

La diferencia entre ambas revueltas es espacial: en Egipto el foco está en El Cairo y en Túnez en las regiones periféricas. Pero recordemos que en Túnez la revolución también explotó en la periferia hasta que acabó llegando al centro. En cualquier caso, las manifestaciones no son cosa de dos días. Recordemos una vez más que la primavera árabe no fue solo democrática, sino estructural: fueron revueltas del hambre, de los jóvenes contra las altas tasas de desempleo, fueron revueltas contra el neoliberalismo impuesto con mano firme desde dictaduras. Desde que en verano Mursi se reuniera con EEUU y el FMI, y de que el FMI con Lagarde a la cabeza, alabaran la valentía y el compromiso de Mursi para acometer reformas económicas estructurales a cambio de un préstamo de casi cinco mil millones de dólares, las manifestaciones de trabajadores y las huelgas no han cesado. Los trabajadores egipcios saben ya, por experiencia con el último gobierno de Mubarak, lo que supone un plan de ajuste dictado por el FMI. Pero ni siquiera antes de las elecciones a nadie se le escapaba, ni en el FMI ni en Europa ni en EEUU, que los Hermanos Mulsumanes eran altamente neoliberales (otra cosa es la red clientelar de asistencia social que le ha permitido hacerse fuerte y crear base social).

Ahora los medios internacionales pretenden presentar estas revueltas como un enfrentamiento entre laicos y musulmanes. Y esto algo de verdad tiene, pero viniendo de occidente no deja de ser algo maniqueo. Una curiosidad: todos los medios hablan del rais egipcio, como si rais fuese un título propio de ese país (como canciller en Alemania), y no la palabra árabe para presidente. Rajoy también es un rais, vamos a relajarnos. Pero esto forma parte de la clásica estrategia del orientalismo occidental para demonizar y presentar como “el otro” a un posible adversario (que de momento, igual que lo fueron Ben Alí y Mubarak, es un buen amigo). Decía que las revueltas van más allá de la confrontación laicismo/confesionalidad. El mismo día que se anunciaba la firma del acuerdo entre Mursi y el FMI para que esta institución otorgara un préstamo de casi cinco mil millones de dólares a Egipto a cambio de reformas económicas estructurales, hasta los empleados de la banca egipcia salieron a la calle a protestar y secundaron las huelgas que se extendían por el país.

Si Mursi quiere otorgarse plenos poderes por encima de la Justicia es en gran parte porque sabe que los egipcios no le consentirán que los ahogue económicamente como hacía Mubarak en nombre de sus acuerdos con el FMI. En cualquier caso, aunque Mursi y Egipto sean el foco y, aunque como ocurre siempre con el mundo árabe-musulmán la atención se pretenda desviar sobre la cuestión religiosa, ocurren dos cosas: la primera, la que los manifestantes tunecinos y egipcios ya anunciaban, el intento de secuestro de la revolución; y por otra parte, una tendencia que se hace fuerte en todo el mundo y que deriva en la pérdida de derechos democráticos y en el aumento de la represión para aplicar los planes de ajuste estructural que sacuden tanto a Europa como al Magreb. Pero el pueblo egipcio y el pueblo tunecino son tozudos y orgullosos, y saben que si pudieron con Mubarak y con Ben Alí pueden con todo: ayer, a pesar de que Mursi desplegó a la guardia republicana (guardia de élite que está entrenada para defender las plazas estratégicas del país) alrededor del palacio presidencial que tuvo que abandonar hace dos días porque fue rodeado por los manifestantes; a pesar de esto, y a pesar de que las milicias de los Hermanos Musulmanes atacan violentamente a los manifestantes anti-Mursi; ayer, los egipcios asaltaron y quemaron varios cuarteles generales y volvieron a rodear el palacio presidencial.

No, no eran amigos y ahora son enemigos. La revolución egipcia, como la tunecina, tenía un carácter popular y democrático, pero también y carácter de clase muy fuerte. Por eso los compañeros de Socialismo Revolucionario y los compañeros tunecinos tras la caída de Mubarak y de Ben Alí no bajaron sus banderas. Por encima de esa “unidad” estaba la defensa de la revolución y la derrota del FMI y el BM. Por eso sigue siendo tan importante el grito “no dejaremos que os apropiéis de nuestra revolución”. Por este motivo la revuelta es permanente, hasta que se vayan todos.

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Una respuesta a “Egipto y Túnez, la revuelta permanente

  1. ¿A que os suena eso de Mursi?. Claramente a descendiente de moriscos que al cristianizarse cambiaron su apellido por el de su ciudad (la vuestra). Mursi es (muy) probablemente descendiente de moriscos murcianos.
    De un anticapitalista Valenciano:

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