Nuestra pesadilla hoy puede ser la vuestra mañana

Iolanda Fresnillo. CADTM

La crisis y la austeridad no toca a todos por igual. Resulta evidente a los ojos de todas que los grupos más vulnerables tienen mayores dificultades para afrontar la desaparición de derechos sociales y de fuentes de ingreso. Las mujeres se encuentran en mayor porcentaje en estos grupos más vulnerables, con unos impactos diferenciales sobre ellas.

Muejeres griegas

Para empezar las mujeres en Grecia, como en España, Portugal, Italia o Irlanda, sufren la crisis doblemente, pues al desempleo y la reducción de servicios sociales, hay que añadir la carga que se les impone al asumir de forma mayoritaria los trabajos de cuidado que antes proveía el Estado. Son las mujeres las que se hacen carga de los enfermos, los niños o los ancianos cuando cierran hospitales o se reduce la cobertura de los servicios de salud y educación.

En Grecia desde hace casi dos años la Iniciativa de Mujeres contra la deuda y la austeridad intenta hacer frente a ésta situación, no sólo difundiendo la información sobre la situación en que la austeridad deja a las mujeres griegas, sino también apoyando a aquellos colectivos que luchan contra el ataque a los derechos sociales y proveen alternativas.

El proceso de recortes y privatización de la sanidad en Grecia está teniendo impactos extraordinarios en las mujeres. El servicio de salud nacional ha dejado de ser gratuito, a los 25 euros por simplemente entrar el hospital a pagos por exámenes, pruebas e intervenciones. Para dar a luz en un hospital público hay que pagar 800 euros, 1600 si hay que hacer cesárea. Si no se dispone del dinero hay hospitales que se han negado a atender a mujeres de parto. Simplemente las envían de vuelta a casa para que den a luz allí. Se han detectado hasta ahora dos casos en los hospitales Alexandra y Helena de Atenas en los que el hospital retiene al recién nacido hasta que la familia paga la tasa correspondiente.s reunimos con algunas de ellas y nos cuentan que su trabajo se centra sobretodo en los derechos reproductivos, sexuales y de salud.

A las mujeres inmigrantes sin papeles, y por tanto sin cobertura sanitaria (al igual que millones de desempleados sin subsidio), se les niega el derecho a la sanidad pública. Algo que sucede también en España desde la última reforma sanitaria. Nos cuenta Sofia, de la iniciativa de mujeres contra la deuda y la austeridad, el caso de una mujer afgana que consiguió llegar a Atenas después de un periplo de fronteras y miles de kilómetros, embarazada de 8 meses. Cuando acudió al hospital con dolores de parto un mes antes de la fecha, el hospital se negó a atenderla. Pero un movimiento espontáneo de solidaridad surgió a su alrededor, la gente empezó a acudir al hospital gracias a las redes sociales, y el hospital fue obligado por la movilización popular a hacerse cargo del parto.

Desde el Estado se privilegia a las clínicas privadas sobre los hospitales públicos. El proceso de privatización encubierta de la sanidad llega a tal extremo que las mujeres que dan a luz en un hospital público se quedan sin el apoyo económico a la maternidad que ofrecía el Estado (y que en cambio sigue dando a aquellas mujeres que dan a luz en la sanidad privada).

Aumentan los abortos no deseados por miedo a perder el empleo (la reforma laboral permite despedir a una empleada pública si se ausenta por más de dos semanas del trabajo, aunque sea por baja médica, por lo que las mujeres con embarazos de riesgo no se atreven a pedir la baja). Aumentan también los niños dados en adopción, pues muchas mujeres, sobretodo inmigrantes, no se pueden hacer cargo de ellos.

Ante la pregunta de cómo reaccionan los hospitales ante todo ello, nos cuentan que hay de todo, gerentes de hospitales que se aprovechan de la situación para cobrar y mejorar la situación económica de sus hospitales, y profesionales de la sanidad que desobedecen y tratan a personas sin papeles o sin seguro de salud.

Pero a menudo la buena voluntad no es suficiente. Las grandes empresas farmacéuticas como Roche o Novartis se niegan a menudo a proveer medicinas (incluyendo tratamientos contra el cáncer) sin un pre-pago, lo que supone una escasez de medicinas en la mayoría de hospitales y farmacias del país. No se sabe cuantas personas han muerto por falta de tratamiento contra el cáncer u otras enfermedades terminales. Se cierran centros de salud en los pueblos más pequeños. En dos islas han cerrado los únicos centros de salud que quedaban, dejando a 25.000 personas sin acceso a atención sanitaria. Miles de niños no tienen acceso a vacunación (nos hablan de 5.000 niños y niñas), pues después del memorándum impuesto por la Troika ya no es gratuita. Médicos sin Fronteras o UNICEF están empezando a ofrecer campañas de vacunación a los niños y niñas del país, como antes hicieron en América Latina, África y Asia. Enfermedades que estaban erradicadas, como la Tuberculosis, ha vuelto a aparecer en el país.

Los hospitales no sólo sufren la falta de medicinas, sino también los equipos médicos sufren recortes y las trabajadoras sanitarias pueden pasar de 3 a 6 meses sin cobrar, trabajando gratuitamente y bajo una enorme presión. Todo ello ha dejado el país en un estado de shock.

Voula nos habla con rabia de cómo Grecia es el ejemplo más claro de la doctrina del Shock planteada por Naomi Klein. “Es una auténtica crisis humanitaria” nos dice, “los derechos humanos simplemente ya no existen en Grecia”. La población se encuentra casi desarmada ante las medidas decididas fuera del parlamento, en Bruselas, Frankfurt o Washington, impuestas por la Troika a una población que resiste como puede sus efectos. Aseguran que el parlamento ya no cuenta para nada, e incluso la movilización social está en declive.

Pero ante la desesperación también surgen clínicas sociales gratuitas y auto-gestionadas, que han empezado a atender a las ciudadanas más empobrecidas, desempleados y sin papeles que no tienen acceso a la sanidad pública y no se pueden permitir pagar por la sanidad privada.

La Iniciativa de Mujeres contra la deuda y la austeridad trabaja con estas clínicas, pero también con organizaciones de inmigrantes, sindicatos, partidos políticos, plataformas contra la privatización o campañas contra la deuda como “No Debt no Euro” o la campaña por la Auditoría de la Deuda, ELE, para hacer un frente común y apoyar en lo que puedan a la población abandonada por las instituciones.

Y nos recuerdan que su situación no es excepcional, sólo algo más avanzada que la nuestra. “Hoy es nuestra pesadilla pero puede ser la vuestra mañana”. Y por ello tenemos que trabajar conjuntamente, coordinar acciones, compartir información, difundir los impactos reales de las políticas de austeridad sobre las mujeres y el resto de la población.

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