La necesidad de la movilización social y de un proyecto político de ruptura

Pedro Luis López Sánchez. La Estrategia Global

Pactos de la Moncloa

Pactos de la Moncloa

Últimamente se han acelerado los procesos de convergencia que llaman a la unidad de la izquierda, fruto quizá de la necesidad de victorias más allá de las pequeñas victorias parciales de por ejemplo la PAH, y fruto quizá, porque no decirlo, de la urgencia de conformar un proyecto político de cara a ofrecer una alternativa al régimen surgido del “consenso” del ’78 que se descompone a marchas forzadas.

Habría primero que analizar que significó el pacto del ’78. El pacto del ’78 fue una reforma del régimen franquista por arriba en aras de darle un aspecto más democrático que permitiera la entrada de España en la OTAN y en una incipiente Unión Europea, y que no cambiase el status quo existente, es decir, que se mantuvieran intactos los privilegios de la oligarquía que controlaba la colonia española en la época franquista. Sí, la II República Española fue ocupada militarmente por el ejército que vino del sur, y es que este país tiene todas las características de un país colonizado.

Una casta política corrupta que como prioridad tiene la defensa y el mantenimiento de los privilegios de la oligarquía financiera y empresarial de este país y extranjera, unos sindicatos oficialistas tomados por el poder neoliberal dedicados a pactar continuamente el retroceso en derechos de los trabajadores, una burguesía más corrupta y desvergonzada si cabe que se dedica a parasitar al Estado que tanto critica; gasto innecesario en grandes infraestructuras cuyos únicos beneficiados son las grandes empresas adjudicatarias (aeropuertos sin aviones, trenes sin pasajeros, autovías sin coches), servicios públicos en un proceso acelerado de descomposición y liquidación a través de privatizaciones generalizadas, industria vendida y deslocalizada, ruina agraria con la tierra concentrada en menos manos que en la España del ’36, un paro insufrible, y un monocultivo particular, el ladrillo, que tuvo una fuerte inversión nacional y extranjera lo cual alimentó la burbuja que terminó por explotar, inversores que exigen ahora su devolución con intereses poniendo al Estado y a todos los trabajadores de este país como garantes de ese pago a través de la reforma del artículo 135 de la Constitución Española. En resumidas cuentas, la Monarquía Ladrillera de España.

Aeropuerto de Castellon

Aeropuerto de Castellon

Los mecanismos de control también cambiaron como en un país colonizado, de la tutela y amenaza continúa del ejército en el régimen franquista se pasó al control mediante la corrupción y la deuda en el régimen “juancarlista”, añadiendo el uso de la represión de la policía y la seguridad privada en caso de que a alguno se le ocurriera levantar la voz denunciando el robo a base de preferentes y demás estafas, bajada de sueldos generalizadas a través de sucesivas reformas laborales o subida de impuestos (en su mayor parte indirectos) que repercuten sobre todo en las clases trabajadoras.

Estando en estas condiciones, algunos solamente ven urgencia en la conformación de un frente electoral que logre apartar a los gobiernos actuales en el Estado y las Comunidades Autónomas, como si un simple cambio de caras sin un programa real de ruptura y sin una fuerte movilización social y política que lo apoye pudiera revertir esta situación. Seamos serios, o se pagan deudas, deudas privadas sobre todo de bancos (e indirectamente de grandes empresas, las realmente beneficiadas de la contención de la prima de riesgo) que fueron estatizadas a base de millonarios rescates y cuyos intereses se comen actualmente un tercio de los Presupuestos Generales del Estado; o se pagan médicos, profesores, seguros sociales y pensiones.

Se hace necesario la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía y de la banca, y sobre todo auditar públicamente la deuda y proceder al repudio y el impago de la parte que se considere ilegítima. Esto es ya en sí una ruptura no solo con el régimen “juancarlista” autóctono, sino con el capital internacional, el cuál ha demostrado sobradamente a lo largo de la historia cual es su reacción ante este tipo de políticas alternativas:

  • España 1936 – 1939: El Frente Popular gana las elecciones el 16 de febrero de 1936. Entre otras reformas, procede a la reforma agraria en un país en donde la tierra estaba la mayor parte concentrada en las manos de grandes terratenientes y de la Iglesia. Ese mismo año se produce un golpe de Estado que desemboca en una guerra civil en donde la II República se ve sola sin el apoyo de las naciones occidentales y con el resultado sobradamente conocido.
  • Chile 1970 – 1973: Salvador Allende llega al poder tras unas reñidas elecciones en 1970 apoyado por la Unidad Popular. Empezó a llevar a cabo una serie de reformas para mejorar las condiciones de vida del pueblo chileno; estatización de los sectores clave de la economía, nacionalización del cobre y aceleración de la reforma agraria. En 1972 da un discurso en la ONU denunciando las prácticas mafiosas de las grandes compañías transnacionales. En 1973 se produce un golpe de Estado con Pinochet a la cabeza, financiado por EEUU en el marco de la operación Condor, que acabó con el gobierno y la vida de Allende.
  • Burkina Faso 1983 – 1987: Thomas Sankara toma el poder a través de un golpe de Estado en 1983. A pesar de ser un militar que tomó el poder a través de un golpe de Estado, siempre puso por delante el bienestar de la población de Burkina Faso. Nacionalizó tierras, estatizó los minerales, inició campañas de inmunización y alfabetización, prohibió la ablación y se enfrentó a la dictadura de la deuda. En julio de 1987 pronunció un discurso en el marco de la Conferencia de la Unión Africana en el que llamó al repudio de la deuda del continente africano. Meses más tarde se produjo un golpe de Estado y Thomas Sankara fue asesinado.
  • Venezuela 2002. Tras la aprobación de una serie de leyes en las que se incluía el reparto de la tierra que todavía mantenían los grandes latifundistas venezolanos, el gobierno constitucional de Hugo Chávez sufre un golpe de Estado por parte de algunos militares, la oposición civil y con sospechas verosímiles de intervención de EEUU y en parte, de España. El golpe fracasó, aún así continúa, y más aún tras la muerte de Chávez y la elección de Nicolás Maduro como presidente, el acoso y manipulación continuada de los grandes medios de comunicación internacionales, además de intentos de desestabilización del país por parte de la oposición.
  • Honduras 2009. El 28 de junio de 2009 el gobierno constitucional de Manual Zelaya sufre un golpe de Estado con la excusa de estar promoviendo una referéndum para perpetuarse en el poder y con, una vez más, sospechas más que razonables de la intervención del embajador de EEUU en la zona. En realidad el referéndum no era tal, sino una consulta popular gestionada por el Instituto Nacional de Estadística para conocer la opinión de la población respecto a la necesidad de abrir un proceso constituyente que permitiera modificar la Constitución, Constitución que fue instaurada por la última dictadura militar y que protege los privilegios de la oligarquía hondureña.
Thomas Sankara

Thomas Sankara

Algunos, ignorando por completo el proceso histórico de la involución neoliberal que nos ha traído hasta aquí, ignorando el análisis razonado del momento actual e ignorando las lecciones que nos da la historia, pretenden plantear la respuesta solamente en torno a un frente electoralista y haciéndonos creer que solamente con la honradez y pequeñas reformas se puede cambiar el estado de las cosas. Como decía, o se paga la deuda que condena a este país a la miseria y al expolio o se produce una ruptura con el capital nacional e internacional con la negación de su pago. No hay más. ¿Reforma o revolución? Permítanme que les diga, tras los últimos disturbios en los países escandinavos y la riada de personas bajando de las favelas portando banderas del Che en Brasil, «al progresismo se le acaban las coartadas» /1.

La movilización social continuada y organizada es fundamental para un proceso de cambio de largo recorrido, y para ello hay que contar con aquellos que la están organizando en la actualidad, el sindicalismo alternativo y los movimientos sociales de diferente índole, aunque la lucha de estos por si solos no sea suficiente. El movimiento social actúa parcialmente centrado en una realidad concreta, y por lo tanto, es reformista tanto en cuanto no plantea una lucha de poder, de contrapoder, sino que plantea la reforma de una cuestión concreta al poder del que presupone su existencia. Ojo, no se está planteando que los movimientos sociales no abran pequeñas rupturas dentro del sistema y sean útiles dentro de sus límites, un ejemplo claro es la PAH que ha ido a incidir de lleno contra la ideología dominante de la propiedad privada capitalista para reivindicar su uso social; sino que su parcialidad y su duración determinada no permiten plantear la cuestión de la formación de un contrapoder, de una nueva hegemonía cultural y política. La clave estriba en que desde la autonomía de sus asambleas y de sus acciones converjan a un nivel más general con la izquierda política y social en torno a un programa de ruptura que homogeneice la lucha y defina unos objetivos comunes de contrapoder, construidos abierta y democráticamente.

Bonapartismo

La clase dirigente ha perdido ya toda legitimidad, ya no tienen el consenso social para seguir adelante con su política de involución histórica neoliberal y la imponen por la fuerza. En un momento así podría llegarse a una situación de impasse, esto es, a una situación en el que la clase dirigente no pudiendo gobernar tampoco se ha verificado el bloque contra hegemónico que pueda tomar el poder; lo que podría provocar el surgimiento de una solución «cesarista» /2, siendo los gobiernos de coalición un momento inicial de esta solución. El desarrollo del «cesarismo» a esta situación de «equilibrio catastrófico» es difícil de predecir y su carácter, si progresista o regresivo, sería todo una incógnita que debería verificarse en el desarrollo concreto del mismo.

En definitiva, las preguntas que se nos plantean son, ¿reforma o revolución?, convenciéndonos que la revolución necesita de la lucha coordinada, organizada y en torno a un proyecto político de ruptura que la homogeneice, y teniendo en cuenta también que la batalla hay que darla en diferentes frentes: social, cultural, político, sindical y electoral; y una segunda cuestión, ¿nos permitimos el lujo de esperar a ver como se despeja la incógnita del «cesarismo» o nos decidimos definitivamente a crear el proyecto político que sea la herramienta de afirmación de este nuevo poder?

Pedro Luis López Sánchez, @estrateglobal

1/ Al progresismo se le acaban las coartadas, Jorge López Ave, insurgente.org, http://www.insurgente.org/index.php/mas-noticias/ultimas-noticias/item/6190-al-progresismo-se-le-acaban-las-cohartadas

2/ El cesarismo, El Príncipe Moderno, Antonio Gramsci.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s