Podemos: una odisea colectiva

Podemos

Daniel Albarracín |Público

Economista y sociólogo

Surge un movimiento popular con propósitos de autoorganización y cambio político

Una buena parte de las clases populares y trabajadoras, para no perderse en la impotencia, ansían herramientas políticas creíbles que les haga sentir partícipes en términos plenos. La situación crítica que atravesamos ha abierto un espacio para la construcción de un instrumento político como es el que representa Podemos, en el complejo y amplio marco de la izquierda.

Su necesidad se extiende en toda la periferia europea. Fenómenos sociopolíticos como Podemos han surgido y seguirán emergiendo en varios países en formatos muy distintos. Si un reto es el de establecer alianzas, cuanto menos tácticas, con otras fuerzas establecidas en la izquierda, también habrá que estar atentos a tejer lazos con iniciativas internacionales afines. Enfrentarse al monstruo “austeritario” de la Unión Europea en el capitalismo global va a obligarnos a convergencias unitarias allende cualquier frontera.

Las clases dirigentes, sustentadas por el poder financiero y económico y la burocracia partitocrática a su servicio, persiguen ensanchar sus privilegios. En el Estado español, los movimientos populares de indignación y las mareas ciudadanas, representan la expresión viva de las clases populares que se resisten a la ofensiva de las élites. Las manifestaciones expresivas parece que podrían estar llegando también a su límite. Siendo necesarias no bastan por sí mismas. La fase de la toma de las plazas, de deliberación democrática y de lucha expresiva masiva ha construido un cuerpo social vivo. Este ha contribuido a cuestionar el sentido común dominante, situando en la agenda de debate interrogantes hasta hace poco impensables (y que han hecho posible victorias como la lucha de los barrenderos, Gamonal o la paralización de la privatización sanitaria en la Comunidad de Madrid, entre otras). Si bien, salvo estas notables resistencias, falta mucho para obtener avances que satisfagan aspiraciones de cambio, tales y como son las de democracia radical, que requieren una ardua ruptura de las relaciones de poder dominantes.

Sin duda, dentro de este movimiento hay diversas aspiraciones (unas anticorrupción, otras democratistas, etc…) que podrían tener acomodo en opciones regeneracionistas o tecnocráticas. Pero, también, de manera creciente, hay otras que reconocen que el problema es el sistema y no encontraban espacio claro donde abrirse camino. Es para estas que Podemos ensancha el camino.

¿Y El “hermano mayor” de la izquierda?

La ausencia de formaciones antagonistas capaces de entusiasmar a mayorías, y organizar el descontento, estaba dejando huérfanas a muchas personas que se incorporaban de nuevas a la lucha. Para muchos la opción electoral es necesaria, pero no suficiente. Por un lado, cabe la duda de que algunas direcciones políticas persigan superar las instituciones de la Transición y el Régimen al que dio lugar, reto que exigiría una audacia anticapitalista. Algunas organizaciones han demostrado escasos reflejos para enraizar suficientemente con la cultura horizontal y radicalmente democrática de estos movimientos de indignación. Quizá, con la irrupción de Podemos, se contribuya a acelerar cambios en aquellas formaciones (¿Alberto Garzón será su adalid?). En cualquier caso es un desafío que debemos encarar, con prácticas y formas de organización colectivas nuevas que nos inste a todas y todos. Si esos cambios se producen bienvenidos, facilitarán los encuentros. Pero aún cuando parece que hay cierta reacción ¿acaso se ha entendido el mensaje?, parece que todavía no, o que no se ha querido entender.

En cualquier caso, entre los que no sentimos lealtad a una Constitución que no votamos (al igual que otras personas a las que se conminó a elegir entre el franquismo o lograr algunas libertades con ataduras bien atadas) hay una necesidad de construir algo mejor, y a ser posible, unitario. Una unidad que se base en la escucha mutua y no en el monólogo donde se niega al otro o, simplemente, se le quiere aleccionar.

Son precisamente estos defectos del “hermano mayor de la izquierda”, así como la ilusión que suscita la iniciativa Podemos, lo que invita a parte de las personas no organizadas, que sienten su destino personal y colectivo quebrado, a acercarse a nuevas fórmulas de organización política colectiva. Una herramienta política colectiva que se oponga a las políticas que les agrede y que proponga alternativas para echar al gobierno, superar el régimen y romper con el sistema.

Sin duda alguna Podemos no puede arrogarse la exclusividad de la izquierda política ante la presencia más o menos consolidada de fuerzas estatales con cierta inercia de audiencia electoral, o de otras fuerzas de izquierda nacionalista existente con arraigo. Todos cuentan, todos contamos. Urge reconocernos en la diferencia, y, especialmente tener la destreza de identificar dónde y cómo podemos incidir juntos, y hacerlo.

Podemos: un desafío en construcción

Recordemos, en ausencia de contrapesos efectivos (limitación de mandatos, revocación, balances y planes de trabajo, rotación de cargos, etc…) la expresión de las bases está sumamente condicionada a la gestión de los ritmos e información que desde las direcciones se impone (al contar con una situación que les privilegia en los contactos, informaciones, tiempo disponible y recursos). Eso es a lo que refieren las reticencias de ese sector que hasta ahora no se sentía representado. Podemos, en suma, supone un espacio a autoorganizarse que, sobre todo, dará la oportunidad a la gente a empoderarse, a hacer las cosas por sí misma con el apoyo mutuo colectivo, donde la delegación no pueda ser más que transitoria y para fines concretos, donde se socialice a todos los niveles la experiencia, la responsabilidad y capacitación política de todas y todos.

Podemos es un desafío puesto en marcha. Si bien es preciso anticipar, a los que nos sumamos, que no hay fórmulas mágicas ni recetas de solución fácil y rápida. Sin embargo, ofrece algo que otras herramientas no han conseguido, o que han logrado sólo hasta cierto punto y que no parecen llevar más lejos: una participación horizontal respetuosa con los procesos democráticos, sin la sujeción a la verticalidad impuesta por direcciones que dominan aparatos sin contrapesos de control democráticos sólidos, y la reunión a colectivos y personas honestas y combativas, y un aperturismo indudable en torno a un proyecto político con buen punto de partida.

Es por este motivo que Podemos, aunque no deje de interpelar por un lado a las formaciones políticas de izquierdas para una estrategia unitaria para ser uno con las luchas populares, fundamentalmente su potencial dimana de la convocatoria a la autoorganización de las clases populares, de los nuevos y nuevas activistas que emanan de ellas. Una convocatoria que implica sin duda también un giro a la izquierda, lo que consiste en no sólo el impulso de mecanismos más participativos y de control de las direcciones políticas, sino también romper con el socialiberalismo en cualquier escenario –Andalucía. el Gobierno español o en Europa-. Precisamente dos puntos a los que, hoy por hoy, hace oídos sordos el “hermano mayor” de la izquierda.

Quizá las personas ya adscritos a otras formaciones puedan ver con recelo la iniciativa (simplemente porque se suelen interpretar las iniciativas nuevas como un adversario electoral). Pero las personas que se han incorporado en estos años a la lucha social, o que simplemente simpatizan con ella, y que aún no están organizados, se han entusiasmado con Podemos. Sencillamente, porque es una herramienta que van a poder construir en igualdad, con la confianza de que no se va a transigir con las viejas maneras, ni con el neo ni el socialiberalismo —cuyas decepciones son notables en tantos sitios: Francia, Andalucía, etc…—.

Podemos, ante todo, procura visibilizar y reunir al conjunto de personas que necesitan un espacio de expresión política en el que se sientan protagonistas en colectivo, sin delegacionismos permanentes. Desde ya, decimos que la Política no nos es indiferente y que es preciso llevar adelante otras políticas. Ese es el porqué de Podemos, tal y como define como punto de partida, su manifiesto Mover Ficha: una política antiausteritaria, por un proceso constituyente abierto a la construcción de una sociedad emancipada del capitalismo y del patriarcado, ecológicamente sostenible y radicalmente democrática.

Sin duda, estas personas quieren participar colectivamente en un espacio que huye de las viejas formas de hacer política, donde determinados estamentos se perpetúan una vez que ciertos grupos se acomodan en determinados cargos. Quieren, queremos, construir algo con unas prácticas que tienen ya una pequeña tradición, y que, por supuesto, no sólo existen —algo que no acierta a ver Cayo Lara— sino que es la que más vigor está cobrando entre los de abajo: la del movimiento antiglobalización, la del 15-M, la de las mareas ciudadanas. Pero también, hay que ser conscientes que aún cuando las prácticas de otras viejas organizaciones no nos satisfagan no podemos dejar de reconocer la necesidad de cooperar con ellas, desde la independencia. Es en la acción, en las prácticas, incluso en operaciones tácticas concretas, donde debemos encontrarnos si queremos tener ímpetu suficiente contra el poder del capital. Ahora bien, eso ha de partir en la confluencia en las luchas, en la que cobre sentido arrimar el hombro, en donde se labran complicidades, donde asambleas, células, núcleos, comités, esto es las agrupaciones de base de todas las organizaciones, cooperan, y con las que, si tiene ese sentido de lucha y emancipador, los Círculos no dudarán en compartir sacrificios.

Un liderazgo colectivo que dialoga permanentemente con los de abajo. La lealtad al pueblo y los Círculos como cimiento.

Miguel Romero, fallecido el pasado día 26 de Enero, nos sugirió con sabiduría que el liderazgo que necesitamos para los tiempos que corren ha de ser suave, propio del dinamizador —como señala con acierto Yayo Herrero—, del intérprete que media y cataliza la fuerza y planteamiento hegemónico de un movimiento. Sin duda alguna, un liderazgo que ha de ser colectivo, en el que puede participar y reconocerse un colectivo.

Las figuras de liderazgo que ahora impulsan este proceso tienen una gran responsabilidad. Su primera tarea consiste en no arrogarse papeles que otros deben desarrollar. Con su voz han de representar, con el respeto, sensibilidad y diálogo permanente con el movimiento político que le confiere este papel, las aspiraciones de muchas personas materializadas en acuerdos y un proyecto colectivo. Al mismo tiempo que ejercen lealtad al protagonismo real de los Círculos, ha de erigirse en facilitador para el abordaje y acción en los espacios sociales, laborales y en las instituciones. Territorios a ocupar para a todos ellos darles la vuelta.

Saludamos los liderazgos incluyentes y comprometidos con un proyecto colectivo, que asumen su papel de portavoces. Son bienvenidos los liderazgos como el que Ulises asumió para llegar hasta Ítaca, sabiendo encadenarse al palo mayor para no dejarse seducir por las Sirenas cuando aparezcan, y dejando, en tal caso, que sus remeros conduzcan el barco si es preciso.

En suma, para no ser derrotados, necesitamos contar con equipos y muchas personas capaces de ejercer, con el mismo respeto a los Círculos, portavocía. Para que nuestra voz se extienda por doquier y no se ahogue.

Organizar pacientemente la impaciencia. Movilización sostenible y protagonismo central de los Círculos.

Advirtámoslo: El monstruo es muy grande, el sacrificio será enorme y la lucha será larga. Winston Churchill en la IIGM no movilizó sólo con la ilusión a su población ante el enemigo, sino que avisó claramente: habría que arrostrar la situación con “sangre, sudor y lágrimas”. En el trabajo práctico será cuando la ilusión cobre sentido. Urge sugerir tareas de autoorganización para los Círculos a la altura de los desafíos y objetivos a los que se aspiran.

Pongamos la ilusión a trabajar. Sin impaciencia, sin pausa. El hito de las elecciones es un paso en un largo transitar repleto de obstáculos. Asumámoslo. Y para caminar en medio de las adversidades lo primero es plantear una forma de vida en la que organizarse con otros forme parte de nuestros hábitos cotidianos.

Definamos un concepto de movilización sostenible para hacerlo posible. Los cambios no vendrán por el arrojo de los héroes y de los mártires individuales, tampoco lo lograrán los impacientes —que lo quieren todo ya, y si no, pues al extenuarse precozmente buscan atajos para conseguir cualquier cosa ya, como sea, aún abandonando sus fines—. Tampoco vendrá si no nos reunimos, si no nos formamos, si no nos organizamos, si no debatimos, si no actuamos. Haciendo todo unos pocos no lograremos nada. Todos haciendo algo lo haremos todo. Para eso hay que incluir en nuestra agenda cotidiana un tiempo para esto. Ni demasiado, ni demasiado poco. Lo importante es el aliento, porque la lucha se gana sólo con perseverancia.

Entre los que nutriremos Podemos, estuviésemos anteriormente en otras formaciones políticas o no, queremos encontrarnos con muchas más personas en estos términos, con claro propósito de cooperar organizadas en este nuevo marco.

Construir una herramienta política en común no es fácil, ni por el enemigo al que enfrentamos ni por la labor en sí de compenetrarnos. Necesitaremos escucharnos, gestionar las discrepancias, acordar puntos comunes y golpear juntos. Necesitaremos compromiso, uno que sea viable para poder llevar nuestras vidas sin abandonar nuestros objetivos y sin dejar que queden en un rincón las necesidades de la vida. Necesitamos elaborar, discutir compañeramente y aprender los unos de los otros. Necesitaremos ante todo, lidiar para que la impaciencia no nos agote, ni que nos arrastre un electoralismo ilusorio. El horizonte está mucho más lejos, y desde hoy empezamos a andar. Con el ejemplo y la práctica, con apertura, porque este movimiento no es ni puede ser excluyente (sólo seremos intransigentes con los privilegios, estén donde estén y tenga quien los tenga). Llegará así una mayor unidad (en la diversidad de los y las de abajo) y serán posibles las conquistas del futuro.

Urge encontrarnos y dotarnos de tarea que dé sentido práctico a la iniciativa. Los Círculos haremos difusión, emprenderemos luchas, pero también debemos desarrollar el marco programático del manifiesto, decidir democráticamente sobre la candidatura que mejor nos represente. Y labrar un camino que aún está por hacer y para el que no hay construidas carreteras.

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