En la calle y en las urnas: Impulsar y organizar la UNIDAD POPULAR

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Declaración de Anticapitalistas tras el 24M

En la calle y en las urnas: Impulsar y organizar la UNIDAD POPULAR

1.- El escenario político tras las elecciones Municipales y Autonómicas del 24 de Mayo ha iniciado un cambio que puede ser irreversible. Un cambio que no es todo lo que hubiéramos deseado pero que se ha llevado por delante gran parte del poder político e institucional del PP. Más de dos millones y medio de votos y numerosos gobiernos autonómicos y municipales es lo que se deja por el camino, el más fiel representante de las clases dominantes. La derecha política de ámbito estatal, el PP, experimenta un amplio descrédito y una grave crisis interna en las puertas de unas elecciones generales. De forma más limitada también CiU ha experimentado un duro revés. Por otro lado, ha irrumpido con fuerza limitada un nuevo partido de ámbito estatal, Ciudadanos, que se ofrece como “regenerador” político de la política neoliberal. Solamente el PNV y Coalición Canaria mantienen o mejoran sus posiciones. Pero en términos generales podemos afirmar que la derecha política ha entrado en una fase de crisis y recomposición en un marco en el que el balance electoral indica que el voto ha girado a izquierda, rompiendo la tendencia anterior.

Por su parte, el otro gran partido sobre el que se sostiene el bipartidismo necesario del Régimen del 78, el PSOE, ha perdido más de setecientos mil votos y se sitúa en los niveles más bajos de su historia. Es tal el descrédito de los viejos partidos que, perder menos que el otro, ya lo consideran como una victoria. El PSOE podrá gobernar donde hasta ahora no lo hacía, pero a cambio, tendrá que dar un giro de 180 grados a sus políticas de colaboración con el PP y los poderes financieros.

En toda esta situación emergen nuevas fuerzas sociales con posibilidades de iniciar un cambio político en la línea de transformaciones sociales. Nunca lo será el partido de Ciudadanos que intentará salvar los intereses de las élites económicas aliándose con el PP, sino las nuevas Candidaturas surgidas de la confluencia popular en los municipios de todo el Estado español, siendo su expresión más relevante las mareas en Galicia o las que encabezaron Ada Colau en Barcelona, Kichi González en Cádiz, o Manuela Carmena en Madrid, así como las candidaturas de PODEMOS para los parlamentos de las comunidades autónomas que celebraban elecciones, o en diputaciones y cabildos y consejos insulares. Ellas son las que han abierto una gran ventana al cambio político y social.

2.- Las elecciones del 24M dejan numerosas enseñanzas: el desgaste de este régimen bipartidista; el hundimiento del PP; el intento de recomposición del PSOE sobre un nuevo discurso; el castigo a otras formaciones como CiU o UPD; el avance de Ciudadanos o la crisis de IU. Pero más allá de estas anotaciones superficiales, hay una gran lección de la que deberíamos tomar nota.

Los triunfos de las Candidaturas de Unidad Popular y el avance de PODEMOS no se debe a un vuelco de las clases medias y la pequeña burguesía hacia la izquierda; sino principalmente, a la gran movilización democrática de las clases trabajadoras y populares, a los más castigados por la crisis (los de abajo) que han salido de sus casas a votar masivamente en esos barrios obreros y plebeyos que la crisis convirtió en cuasi-marginales e incluso guetos. Ellas han sido los grandes protagonistas del 24M.

Las élites económicas y sus partidos en las instituciones han recogido ese mensaje nítidamente. Esperanza Aguirre, es el ejemplo más ilustre y patético. Detrás de ella salen en tromba los empresarios hablando en nombre de los “mercados”. Se trata de preservar a toda costa no solo el régimen de corrupción (el capitalismo de amiguetes), sino lo que es más importante: el sistema de explotación, expoliación y desposesión de las y los trabajadores, que condena al desempleo a millones de personas, desmantela, deteriora y privatiza los servicios públicos y supone una gravísimo riesgo para lo que se conoce como Estado del Bienestar.

La contradicción que se configura una vez más no es tanto entre demócratas o no demócratas, o entre buenos y malos perdedores, sino esencialmente, es una contradicción de clase. Mientras para los de arriba el régimen del 78 es un instrumento de dominación y mantenimiento de sus intereses; para los de abajo, las instituciones, solo pueden ser un medio hacia una mejora en las condiciones de vida, la defensa de los derechos sociales y un camino hacia la autodeterminación de las clases trabajadoras y populares. Precisamente por ello la lucha por la mejora social implica la lucha por la democratización política y, a su vez, la lucha por lograr mayores cotas de participación democrática tiene como objetivo avanzar en los derechos y conquistas sociales y económicas de la mayoría social.

El gran reto que tienen ante sí los nuevos representantes es lograr acabar con la corrupción institucionalizada, crear cauces efectivos de participación ciudadana en las decisiones y mejorar las condiciones de vida de la población en una situación caracterizada por los varios factores: emergencia social de amplias capas de la sociedad en riesgo de pobreza, escasas competencias de los ayuntamientos, tesorerías locales y autonómicas saqueadas, políticas de la UE y del Gobierno español que intentan cercenar el gasto social en educación, sanidad y dependencia de las Comunidades Autónomas. Tendrán que adoptar importantes iniciativas en las instituciones, rompiendo los marcos impuestos de unas reglas de juego tramposas, pero sobre todo deberán apoyarse y promover la movilización y participación activa de la ciudadanía, de las clases populares, de sus representados. Sin ello el trabajo en las instituciones está condenado al fracaso. Sin ello no se podrán remover los obstáculos de unas leyes y unas políticas económicas de ámbito estatal y comunitario que impiden el avance de las demandas sociales.

3.- Las tareas que se plantean en los próximos meses son de un enorme calado. El balance de la batalla del 24M ha sido favorable pero ni los enemigos han dicho la última palabra, ni mucho menos se consideran derrotados. Asistiremos a cambios en el PP y a un nuevo intento del PSOE por recolocarse como el eje del cambio político y social, y, del giro de la sociedad hacia la izquierda. Por su parte, detrás de las nuevas instituciones, seguirán campando a sus anchas las élites del IBEX 35 y ese conglomerado de intereses políticos y mediáticos articulados en torno al PP.

Tenemos que tener claras nuestras tareas sabiendo que, aún así, los frutos no serán inmediatos. Las relaciones de fuerzas no se cambian completamente por depositar una papeleta en una urna.

Por eso la primera tarea sigue siendo profundizar la movilización social que ha sido la que nos ha traído hasta aquí. Ahora contamos con el efecto multiplicador que van a tener cientos y miles de cargos públicos elegidos en las candidaturas populares o de PODEMOS, u otras formaciones de la izquierda política y social. Debemos proclamar a los cuatro vientos que hoy por hoy, estamos en mejores condiciones para profundizar la lucha por mejorar nuestras vidas, reconquistar nuestros derechos, devolver a la ciudadanía lo que nos han robado, recuperar los servicios públicos como la sanidad pública o la educación… y también, avanzar en la impugnación global del Régimen del 78.

No hay un solo camino que nos lleve a estos objetivos sino varios. Nosotr@s desde ANTICAPITALISTAS proponemos aquél que nos lleva hacia un escenario donde los de abajo acumulen fuerzas frente a los de arriba y profundizar la brecha entre las instituciones elegidas con el Régimen del 78.

No se puede dar la batalla a los grandes poderes fácticos económicos y políticos, solo, desde los nuevos gobiernos y ayuntamientos; si éstos no manifiestan una clara voluntad de apoyarse en la movilización social permanente, en la democracia desde abajo y en el desarrollo de todas las formas de autoorganización, tanto en los barrios o pueblos como de los trabajador@s. Es decir, las mismas formas que nos llevaron a obtener unos buenos resultados son las que habrá que aplicar para asegurar gobiernos fuertes ante los intentos de chantaje de las patronales y las derechas.

En segundo lugar, ANTICAPITALISTAS, como movimiento que ha venido participando de estos procesos políticos y de resistencia social; consideramos que debe abrirse una reflexión colectiva acerca de las estrategias electorales de cara a las próximas citas. En particular, las elecciones parlamentarias que se convocarán en noviembre de este año. Una reflexión que tenga en cuenta las experiencias recientes, tanto de las Candidaturas de Unidad Popular como las que PODEMOS u otras organizaciones han obtenido en diferentes puntos del Estado español.

La Unidad Popular puede, en los próximos meses, convertirse en algo más que un lema. En este escenario plural, diverso y complejo que es la sociedad civil y las nacionalidades que se configuran en el Estado español, no debemos cerrarnos a ninguna propuesta. Lo importante, ante todo, no son los actores políticos sino el objetivo final: construir y organizar una herramienta política capaz de mandar al basurero de la historia a los representantes de las élites económicas y la corrupción.

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